D I L L Y W A R D B U N D Y
R E S E Ñ A P O R M A G D A M A R Q U È S : 2 0 0 5
En su estudio de caras, el autorretrato es el verdadero protagonista, como si la
pintora quisiera centrarse intensamente en trabajar la expresión facial y utilizara
la propia cara por razones prácticas: un espejo es suficiente para trabajar. Sin
embargo, la insistencia de Bundy obedece a que en el autorretrato la artista conoce
a la perfección los sentimientos de la modelo facilitándole transmitir emociones.
Dilly no oculta las imperfecciones que la realidad le ofrece, las utiliza como recurso
para ir hacia lo más profundo, identificar los sentimientos y mostrarlos con dureza.
En esta línea de trabajo podemos afirmar que se impregna fuertemente de Goya, Lucian
Freud y Frida Kahlo. Al mismo tiempo, parece que este estudio del propio yo refleje
una inquietud de constante renovación personal ante la vida.
Dilly no pinta rostros ideales, perfectos, transparentes, como obras cerradas. Sus
caras semiocultas resaltan la importancia de la búsqueda introspectiva, tanto en
sí misma como en el prójimo. Son caras enmascaradas que pretenden encubrir y que,
sin embargo, despiertan nuestro interés, como una paradoja.
Así, una máscara nos muestra una mirada sugerente y una hoja de higuera nos deja
ver, tan sólo, un ojo potente y profundo. Ambas nos ocultan casi toda la cara, lo
que consigue, precisamente, que las miremos con mayor intensidad. A su vez, un sombrero
de paja o unas gafas que sirven para protegernos del sol actúan, también, como antifaces.
Un pendiente puede resaltar unos rasgos y restar importancia a otros.
Los retratos de Dilly dejan de lado la mera representación para llevarnos a cuestionar
qué les está ocurriendo, qué sienten y algún porqué. La curiosidad de la artista
estampa su huella en estos cuadros que, con seguridad, no dejarán indiferente al
visitante de esta exposición.
Magda Marquès